Siempre he sido medio atarantado cuando se trata de amor y tal como lo veo ahora, no supe ver el gran regalo que se me había dado hace ya 11 meses y no es porque no fuera asi, sino porque cuando uno toma decisiones dejando de lado el corazón, la piedra empieza a rodar cerro abajo y son pocos los que saben ver el alud al final de la ladera y, claramente, no soy yo uno de ellos.
Supongo que saber la hermosa noticia de que iva a ser papa no bastó para madurar y darme cuenta de que la vida que uno tenia no iva a ser la misma y, ya por esos mesesmientras la sociedad seguía su camino, pasaban en mi vida muchas mas cosas de las que guardo en mi memoria.
Y ahí estaba la mujer que me estaba dando ese gran regalo la misma que me estaba entregando su corazón para formar un futuro juntos. Pero cuando uno no entiende algo esta fértil a hacer mucho daño y asi como detrás de los sueño, nos despertamos y estamos nosotros, tan humanos como siempre y tan vivos que nos es imposible ignorar lo que sucede a nuestro alrededor. Supongo que de apoco fui matando ese sueño, el de un nosotros y, aunque empezó a acostumbrarse y a entender que quizás sería un singular, a vecesdeseaba que fuéramos un plural, pero con eso y a pesar de eso, el daño se hiso y no hay vuelta atrás.
Mis ausencias coincidieron con su día a día y no estuve en los momentos importantes, aquellos que hoy recuerda en conversaciones con amigas o familiares y que dejan sin más remedio un sabor amargo en los recuerdos ese mismo sabor que se queda por un buen rato sin fecha de vencimiento.
Sin merito alguno ella aun me seguía haciendo parte de su vida y de apoco me fue demostrando todo lo que podíamos a llegar a vivir juntos, mi corazón empezó a darle un espacio que de apoco terminaría por ocuparlo todo, a esa altura ya habían pasado los nueve meses y había llegado la hora de conocer al que seria mi hijo. (pero eso es otra historia que feliz ya contare)
Esa sensación de querer retomar esos sueños desechos y darme cuenta que ya no era lo mismo, que los afectos habían cambiado, la comunicación no era la de antes, que esas miradas ya no expresaban un nosotros, ver como los meses pasan y escuchar de ella esperar que ya no sea tarde, sumado a todo eso el empezar a sentirme demasiado inseguro, demostraban que la vida se nos presenta como un lento caminar en donde las cosas decantan suavemente igual que esas lloviznas invisibles que apenas se sienten pero que, irremediablemente, mojan.
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